dimecres, 31 de juliol del 2019

Se estremecía


Se estremecía. Con cada mirada. Con cada palabra. Se dejaba llevar hasta la luna cuando él la miraba. 
Él la observaba con sus ojos estrellados, mientras el mundo giraba y repiqueteaban sus tacones a cada paso. Él, la miraba, adorándola, amándola y ella, ella se estremecía.
Y sin sentido se dejó amar, se dejó acariciar a cada paso, porque él, que era su lucero cuando todo oscurecía la hacía sentir excepcionalmente viva.
Ella tan suya y él tan suyo. Tan suyos mutuamente que, con los ojos cerrados, al recorrer sus dedos por sus pieles reconocían cada cicatriz, cada tatuaje, cada latir… Y ella, que memorizaba sus lunares cada noche, entre abrazos y besos, como si fueran su constelación favorita, seguía dejándose amar. Amar de amor. Amor vivo de vivir, vivir sin condiciones ni porqués. Vivir libres, tan libres que se podían amar hasta en la distancia, porque su amor era de los más puros que habían sentido en su corta vida. Y mientras sentían o, mejor dicho, mientras se sentían, se dejaban acariciar su desnuda piel en las largas noches de verano haciéndola estremecer, otra vez.



divendres, 31 d’agost del 2018

Que nunca te corten las alas;


Quizás tenía que haber aprendido a quererse más o, mejor dicho, a quererse bien, ya que a veces más es menos. Quizás tenía que haber valorado más su fuerza y no haber hecho tanto caso a sus debilidades, que no eran muchas, pero ella las multiplicaba. Quizás tenía que haber escuchado menos a la gente y más a su corazón, ya que en millones de ocasiones su corazón le gritaba lo que los demás le susurraban. Quizás todo lo hizo por miedo a perder, aunque en realidad hubiera ganado más de lo que estaba perdiendo.

Entre tantos quizás, fueron pasando los días y las oportunidades. Hasta el día que en realidad despertó, hasta el día que se dio cuenta de todo lo perdido por miedo a perder, hasta el día que se dio cuenta que era más fuerte de lo que le habían hecho creer.
Quizás, se hubiera equivocado, quizás hubiera llorado más de la cuenta, quizás le hubiera dolido el error… Pero todo fueron quizás que se desvanecieron en el tiempo y que le hicieron aprender.
Ese día aprendió a arriesgarse, a decidir por ella misma, a cambiar el quizás por hechos. Ese día aprendió que las alas eran para volar y no tenía que dejar que nadie se las cortara, que sus ganas de luchar eran su faro, que el mundo no iba a dejarla llegar fácilmente a sus metas, pero ella, inquieta y enamorada por lo que quería hacer no iba a dejarse vencer rápido, había estado demasiados años dejándose vencer.

Ese día aprendió a volar, a ser feliz.




dimecres, 6 de juny del 2018

Hace tiempo que no te escribo


Hace tiempo que no te escribo, quizá por comodidad, quizá por monotonía. Pero hoy, un pinchazo al corazón me ha dicho susurrando que en realidad lo necesito y, por eso estoy aquí, con un bolígrafo y un papel, escribiéndote, otra vez.

Necesito recordarte que te quiero, a pesar de que ya lo sabes, que quiero sentirte a pesar de la distancia y que riamos a pesar de las adversidades. Necesito recordarte que me encanta tu sonrisa y que si sonríes yo lo hago después sin ni siquiera darme cuenta, que me encantan tus ojos y como me miran y me miman. Necesito recordarte que tus brazos, a pesar de los años, siguen fundiéndose con los míos y tus besos siguen regalándome escalofríos, que no de frío sino de amor. Necesito recordarte que eres mi necesidad, mi almohada en los días grises y mi manta en las noches frías. Necesito recordarte que el día que me dijiste te quiero por primera vez te entregué mi alma y mi destino, mi cordura y mi locura, así que cuídalos, como si todo fuera tuyo, o como si fuera mío pero prestado, porque si se rompen me rompes. 

Hace tiempo que no me lees, por eso solo espero que, al hacerlo, sonrías. Que, al leerme, te transporte al pasado y a la vez no quieras huir del presente, porque en realidad nada ha cambiado.