dijous, 10 d’agost del 2017

El miedo

 Hay momentos, en los que sientes que te duele tanto que te cuesta respirar. Hay momentos, en los que el paso del tiempo te va matando poco a poco, en los que las palabras te desgarran, en los que tus fuerzas se desvanecen… E intentas avanzar, intentas seguir hacia a delante pero algo te paraliza, algo te bloquea. Tienes miedo. Miedo, tal vez a fracasar, y tú no te das cuenta pero, con el miedo apoderándose de ti, tú ya estás fracasando. Estas tirando por la borda años de esfuerzo o, tal vez, estas dándote por vencido sin ni siquiera haberlo intentado y estás perdiendo incluso antes de empezar a luchar.

Tienes miedo. Tienes miedo a perderte entre tanta gente, tienes miedo de ser sólo uno más y que no se te reconozca por ser lo que tú eres, tienes miedo a no lograr lo que te propongas. Tienes miedo a fracasar, a no llegar, a no ganar. Y este miedo te va matando poco a poco, sin darte cuenta te destruye por dentro y te quita los sueños, haciendo de tus sueños la rutina y de la rutina tu zona de confort, haciéndote creer que estás bien, que no necesitas nada más, que eres feliz haciendo lo mismo día tras día. Pero en el transcurso de los años recuerdas que querías ser de adolescente y en tu presente, te miras en el espejo y ni te reconoces, eres exactamente todo lo que odiabas a tus 17 años, eres exactamente lo que calificabas como aburrido a tus 25, eres lo que imaginaste a los 30 por preferir darte por vencido y eres lo que a tus 35 decidiste por escoger el camino fácil. Sin darte cuenta que ese maldito camino te llevaba directamente al precipicio. Sin darte cuenta que acababas de renunciar a tu felicidad.

El miedo es nuestro enemigo interior, es el “yo” que no nos permite llegar a la cima, es el “yo” cobarde que no quiere ganar por miedo a perder, aunque a lo mejor no sabes que perder, muchas veces, es ganar. El miedo es el “yo” que se sumerge en la cotidianidad haciéndote creer que esta es la base de tu felicidad. El miedo es el “yo” que te hace creer que elegiste el camino fácil porque quisiste, pero no, fue él quien te obligo a elegir.


Pero ¿Sabes qué? Nunca es tarde. Nunca es tarde para mirarnos al espejo y ver si realmente estamos donde quisimos estar cuando nos creíamos invencibles y soñar era tan fácil. Nunca es tarde para elegir el otro camino e ir directos hacia el “yo” que queríamos ser. Nunca es tarde para ser feliz.