
Primera vuelta antes de la competición, reconocimiento de pista, empieza la cuenta atrás. Tres, todo el mundo en silencio, empiezan a rugir los motores, la adrenalina, los nervios, todo tipo de emociones están en el aire.
Dos, a un segundo de salir, de la primera posición hasta la última todos buscan lo mismo, ganar esta carrera.
Uno, aceleran, se oyen los gritos de emoción del público, en las gradas todos están de pie, agitando sus banderas como pájaros, cada color representa un país, una ilusión, un sentimiento hacia ellos, si hacia ellos, los que están al circuito compitiendo para ser el mejor, porque uno de ellos va a ser el ganador, uno de ellos va a ser el campeón del mundo.
Salen, 120 km/h, Marc Márquez ha hecho una gran salida, 160km/h, 200km/h, 240km/h, mientras todos ellos sienten como les roza el viento, cada persona del público grita el nombre de su ídolo, mientras cada uno de ellos vuelan por la pista sienten que el corazón les va más rápido de lo normal, cada vez sienten más la adrenalina en su piel como sienten sus motores rugir en cada recta y en cada curva. Aunque en unas simples milésimas de segundo un sueño se puede desvanecer como si no hubiese existido nunca, porque mientras estas allí, tienes que poner los cinco sentidos, porque desde una lágrima de emoción hasta un movimiento en falso pueden hacer que todo desaparezca y si, en ese momento sucedió, una simple tontería hizo que el numero 93 cayera, mientras se levantaba con lagrimas en los ojos vio que su moto se había dañado, él solo necesitaba llegar a la posición número cuatro para ser el gran campeón del mundo, pero ha caído y en este momento no sabe ni si podrá correr la carrera, su carrera. Llegan los técnicos e intentan arreglar su moto, aquí es donde se llega a ver el compañerismo, el equipo contrario se une a la reparación y si, entre los dos consiguen arreglarla a tiempo, pero el sueño sigue desvanecido, él tiene que salir desde la última posición.
Se coloca, vuelve a empezar la cuenta atrás, el mismo silencio incómodo, de fondo se oyen los motores rugir, la única diferencia es que ahora ya no hay la misma emoción que antes, porque no solo se le ha desvanecido el sueño al número 93 si no que a sus seguidores también, los nervios a flor de piel, pero ellos no lo dejarán sólo, a lo mejor no llega a ser el campeón del mundo como todos esperábamos pero ellos, sus seguidores lo van a apoyar hasta el final.
Se ven, por encima, de todas las otras las banderas de Catalunya y de España, porque aunque él no llegue a ganar todos ellos van a estar allí, sus gritos también se oyen más que todos los otros.
Salen, empiezan las vueltas, empieza la final de 125cc, el momento que todo el mundo había esperado durante toda la temporada está aquí, la gran final. Y entonces te das cuenta como pueden cambiar las cosas en minutos, la tensión sube, el gran Marc Márquez está remontando, ya no está a la última posición, pasan las vueltas y poco a poco va mejorando, llega al octavo lugar, su público cada vez grita más fuerte, séptimo, ahora hay más rojo y amarillo tocando el cielo, sexto, pasan las vueltas y cada vez queda menos para la final, quinto, una posición más y su sueño y el de todos los españoles volverá a brillar como al principio y se habrá hecho realidad, cuarto, se concentra en la pista, su corazón va más rápido que la moto, cualquier tontería podría volver a destrozar un sueño, ese sueño que mucha gente compartía al mismo tiempo, la última vuelta, en ese momento era la más importante, la vuelta decisiva, si aguanta en la cuarta posición es el campeón del mundo. De fondo se ve la línea de meta, le quedan segundos para llegar, todos los corazones se oye como palpitan como si fueran uno, un grito al unisono, si, a llegado, el equipo se abraza.
El niño de hierro, el niño que aún no puede brindar con champan ha sido el gran ganador, el interlocutor lo anuncia: “el gran ganador del mundo de 125cc de la temporada 2010 ha sido el Catalán Marc Màrquez”. Si, el número 93 ha sufrido hasta el final, esa carrera que tenía ganada antes de empezar y que en unas milésimas de segundo podría haber tenido perdida, pero él lucho hasta el final, porque él es así, él no se rinde. Y en ese momento te das cuenta que no hace falta ser el mayor para poder ganar, porque él es pequeño pero a la vez el más grande.