Hasta
en los días en los que el sol resplandece más que nunca hay nubes,
detrás, ocultas. Hasta detrás de una bonita sonrisa hay lagrimas
escondidas, que se derraman en soledad. Hasta en la luz hay
oscuridad. Hasta detrás de un “estoy bien” está el “estoy hecho una
mierda”. Hasta detrás de una caricia hay distancia. Hasta detrás de la multitud hay soledad. Hasta detrás del dinero hay pobreza.
Nubes
oscuras que te comen el alma poco a poco. Sonrisas que evitan
preguntas que no quieres responder, o quizá si pero las intentas evitar. Oscuridad que te hace pequeñito. Un “estoy hecho una mierda” que al no pronunciar te hace más
daño todavía. Una distancia casi invisible que se hace evidente con el paso de los días. Una soledad que permanece casi imperceptible para los de alrededor. Y una pobreza, no material, que duele más, porque esta, no se puede solucionar con una tarjeta de crédito.
Hay
momentos en la vida que dejas de creer en la humanidad, en los de tu
alrededor, en la vida, en las cosas buenas, en la generosidad... Y es
que la gente es tan egoísta que por estar un poco mejor con ellos
mismos hacen daño a los que en teoría aman. Pues vaya forma de
amar, creo que esta lección me la perdí mientras crecía, creía
que amar era ayudar, comprender, respetar...
Seguiré
creciendo y aprendiendo lecciones nuevas y aunque en cada una de
ellas me de contra la pared, juro, que aprenderé y cuando aprenda,
supongo, que desaparecerán las decepciones. O por lo menos eso
espero.

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