Vidas
que se apagaron antes de lo que deberían, sueños que desaparecieron
sin haberse cumplido, palabras que se quedaron para siempre en el
silencio, unos “te quiero” que no llegaron a tiempo, miradas que
no se volverán a cruzar, abrazos que no se volverán a sentir...
Preguntas
que aparecieron, lágrimas que se derramaron, que se derraman y que
se derramarán...
Desolación.
Rabia. Odio. Tristeza.
Nadie
ni nada tendría que cambiarle el destino a una persona. ¿Y aún
tenemos que creer en la humanidad? ¿Esto es la humanidad? ¿Quitarles
la vida arrancándoles todo, TODO, sin más es humano? Nadie tiene
derecho a decidir sobre nadie y menos alguien como esos. Esos.
Luchemos
por ellos, por los que por desgracia y por unos desgraciados ya no
están. Luchemos por vivir en un lugar mejor, luchemos para que las
cosas jamás terminen así, luchemos para que una vida jamás termine
sin tener que terminar. Luchemos por nosotros, por ellos, por algo
mejor. Luchemos...
“A los héroes desconocidos que
venían en ayuda durante la masacre. Para el hombre que me
tranquilizó y puso su vida en la línea de fuego para tratar de
cubrir mi cabeza mientras yo gemía, a
la pareja cuya últimas palabras de amor me mantuvo creyendo en el
bien en el mundo, a
la policía que tuvo éxito en el rescate de cientos de personas, a
los desconocidos que me recogieron en la carretera y me consolaron
durante los 45 minutos en los cuales creía realmente que el chico
que amaba estaba muerto...” Testimonio de uno de los antentados -Isoble Bowdery

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