La sonrisa es la curva más bonita del
camino de la vida, la curva que más nos cuesta conducir, la que más nos cuesta
disfrutar… Nacemos sintiéndonos desdichados y nos empeñamos en valorar más las cosas
negativas que se entrecruzan en nuestra felicidad… Le damos, a los sentimientos
negativos, el poder de invadir cada centímetro de nuestro organismo, de hacerse
poderoso en él, de borrar cada momento de felicidad para apoderarse de nuestra
vida.
No nos damos cuenta, pero el peor
enemigo de nosotros, somos nosotros mismos. Nos estamos condenando a cadena
perpetua, nos atamos y nos privamos de respirar cada minuto de felicidad, de
vivir intensamente, de entender que caminar con la arena debajo de los pies es
uno de los mayores regalos que nos ha dado la vida…
Nos atamos… Nos atamos en vida, nos
quitamos nuestra propia libertad… Nos sentimos esclavos de nosotros mismos, de
la vida, de la sociedad… Corremos a toda prisa para llegar al metro, nos agobiamos
si no llegamos, nos machacamos si lo perdemos y no disfrutamos, no sabemos
disfrutar de cada bocanada de aire, no sabemos apreciar cada paso que damos
bajo el sol, bajo el cielo intenso, bajo la lluvia… No nos damos cuenta que las
cosas realmente importantes son las que no apreciamos, la felicidad más intensa
está en las cosas que tenemos delante pero que no queremos ver.
La felicidad está en los abrazos
espontáneos, en las caricias, en las miradas… La felicidad está en los “te
quiero”, en la brisa del mar, en el aire fresco de la montaña… La felicidad
está caminar, correr, sentir… La felicidad está en la actitud, en tu actitud.
Tú eres el dueño de tu propia vida, el capitán que guía el barco en este mar de
idiotas que desaprovechan sus días y tú, eres quien decides en que bando estás.
En los que viven por vivir, en los que arrastran los pies, en los que se apenan
de todo lo negativo o en los que le ponen actitud a la vida, en los que
disfrutan de las pequeñas cosas, en los que viven con intensidad y muestran la curva de la felicidad día a
día, incluso cuando están en una de sus peores batallas.
Incluso en batalla más dura, en los días más nublados y en la tormenta más negra hay un faro que te ilumina. No dejemos que las cosas más miserables nos nublen los ojos, ni que nos quiten la sonrisa... Los problemas siempre vienen, no nos los creemos nosotros. Disfrutemos del regalo más bonito, la vida.





