Quizás tenía
que haber aprendido a quererse más o, mejor dicho, a quererse bien, ya que a
veces más es menos. Quizás tenía que haber valorado más su fuerza y no haber
hecho tanto caso a sus debilidades, que no eran muchas, pero ella las
multiplicaba. Quizás tenía que haber escuchado menos a la gente y más a su
corazón, ya que en millones de ocasiones su corazón le gritaba lo que los demás
le susurraban. Quizás todo lo hizo por miedo a perder, aunque en realidad hubiera
ganado más de lo que estaba perdiendo.
Entre
tantos quizás, fueron pasando los días y las oportunidades. Hasta el día que en
realidad despertó, hasta el día que se dio cuenta de todo lo perdido por miedo
a perder, hasta el día que se dio cuenta que era más fuerte de lo que le habían
hecho creer.
Quizás, se hubiera
equivocado, quizás hubiera llorado más de la cuenta, quizás le hubiera dolido
el error… Pero todo fueron quizás que se desvanecieron en el tiempo y que le
hicieron aprender.
Ese día
aprendió a arriesgarse, a decidir por ella misma, a cambiar el quizás por
hechos. Ese día aprendió que las alas eran para volar y no tenía que dejar que
nadie se las cortara, que sus ganas de luchar eran su faro, que el mundo no iba
a dejarla llegar fácilmente a sus metas, pero ella, inquieta y enamorada por lo
que quería hacer no iba a dejarse vencer rápido, había estado demasiados años dejándose
vencer.
Ese día aprendió a volar, a ser feliz.


