divendres, 31 d’agost del 2018

Que nunca te corten las alas;


Quizás tenía que haber aprendido a quererse más o, mejor dicho, a quererse bien, ya que a veces más es menos. Quizás tenía que haber valorado más su fuerza y no haber hecho tanto caso a sus debilidades, que no eran muchas, pero ella las multiplicaba. Quizás tenía que haber escuchado menos a la gente y más a su corazón, ya que en millones de ocasiones su corazón le gritaba lo que los demás le susurraban. Quizás todo lo hizo por miedo a perder, aunque en realidad hubiera ganado más de lo que estaba perdiendo.

Entre tantos quizás, fueron pasando los días y las oportunidades. Hasta el día que en realidad despertó, hasta el día que se dio cuenta de todo lo perdido por miedo a perder, hasta el día que se dio cuenta que era más fuerte de lo que le habían hecho creer.
Quizás, se hubiera equivocado, quizás hubiera llorado más de la cuenta, quizás le hubiera dolido el error… Pero todo fueron quizás que se desvanecieron en el tiempo y que le hicieron aprender.
Ese día aprendió a arriesgarse, a decidir por ella misma, a cambiar el quizás por hechos. Ese día aprendió que las alas eran para volar y no tenía que dejar que nadie se las cortara, que sus ganas de luchar eran su faro, que el mundo no iba a dejarla llegar fácilmente a sus metas, pero ella, inquieta y enamorada por lo que quería hacer no iba a dejarse vencer rápido, había estado demasiados años dejándose vencer.

Ese día aprendió a volar, a ser feliz.




dimecres, 6 de juny del 2018

Hace tiempo que no te escribo


Hace tiempo que no te escribo, quizá por comodidad, quizá por monotonía. Pero hoy, un pinchazo al corazón me ha dicho susurrando que en realidad lo necesito y, por eso estoy aquí, con un bolígrafo y un papel, escribiéndote, otra vez.

Necesito recordarte que te quiero, a pesar de que ya lo sabes, que quiero sentirte a pesar de la distancia y que riamos a pesar de las adversidades. Necesito recordarte que me encanta tu sonrisa y que si sonríes yo lo hago después sin ni siquiera darme cuenta, que me encantan tus ojos y como me miran y me miman. Necesito recordarte que tus brazos, a pesar de los años, siguen fundiéndose con los míos y tus besos siguen regalándome escalofríos, que no de frío sino de amor. Necesito recordarte que eres mi necesidad, mi almohada en los días grises y mi manta en las noches frías. Necesito recordarte que el día que me dijiste te quiero por primera vez te entregué mi alma y mi destino, mi cordura y mi locura, así que cuídalos, como si todo fuera tuyo, o como si fuera mío pero prestado, porque si se rompen me rompes. 

Hace tiempo que no me lees, por eso solo espero que, al hacerlo, sonrías. Que, al leerme, te transporte al pasado y a la vez no quieras huir del presente, porque en realidad nada ha cambiado.





dimarts, 1 de maig del 2018

No juzgues


Soy de las personas que prefieren no juzgar. De las que prefieren sentir, dejarse invadir por los sentimientos y descubrir entre miradas.

La pureza de las personas no se encuentra en la piel ni en su apariencia, se encuentra entre sonrisas e historias, entre vida. Porque la vida que despiertan, es la vida que les ha tocado luchar y, a veces, esas luchas, son las que te hacen tener una piel u otra, una apariencia u otra. Pero al abrirlos, al leer su mirada y al escuchar sus historias es cuando verdaderamente puedes conocer, entender, admirar…

La pureza se descubre con el tiempo, sale a la luz cuando le despiertas a la otra persona su verdad y la verdad solo se despierta con más verdad y, al mundo, le falta mucha.

El mundo está lleno de historias bonitas que no afloran por miedo al dolor. Por eso, al mundo, le falta más gente con verdad. El mundo con verdad sería más mundo, vayamos con nuestra pureza y sonriamos a pesar de que no nos la devuelvan, si no gana el mundo, ganaremos nosotros. Porque las sonrisas son el alma de la felicidad y cuando juzgas te estas juzgando, también, a ti mismo. Juzguemos menos y sonriamos más, que mientras juzgamos estamos perdiendo tiempo para amar.