Es curioso como al salir a la calle te das cuenta de que nada es como antes, la gente ya no se de cuenta de lo que está pasando a su alrededor, simplemente, van cegados chateando con su nuevo smartphone.
Ya no se ven las mismas conversaciones en los bares, a la que uno se descuida algún componente del grupo ya ha sacado (si es que no lo tenía fuera) el móvil para enseñar el juego nuevo que se descargó ayer o para desconectar de la conversación en la que estaba sumergido para hablar con alguien que no está allí.
La gente ya no vive de verdad, es muy fácil decir las cosas a través de un móvil, es fácil esconderte detrás de una pantalla, es fácil si estás lejos. Que valientes somos todos a km de distancia y que pequeños nos hacemos si tenemos que decir algo de verdad, cara a cara, sin que ese artefacto nos ayude en absoluto.
No nos damos cuenta de que decimos una cosa y se entiende otra, no nos damos cuenta de que nos quita las horas poco a poco o a lo mejor no tan "poco a poco" como creemos, no nos damos cuenta de que nos hace perder detalles tan bonitos como ir andando por la calle y ver que alguien abraza a un ser querido o la salida del sol cuando vas en transporte público hacia el trabajo. Esas cosas ya no las vemos, estamos tan sumergidos...
La vida no es un teléfono móvil, la vida es vivir de verdad, sentir, tocar... ¿Dejaremos que las tecnologías nos absorban poco a poco?



